sábado, 26 de abril de 2014

Elegir y ser feliz con lo elegido

Cada día elegimos y decidimos sobre nuestra vida, sobre nuestra identidad y sobre nuestro presente y futuro. Muchas veces nos planteamos si estamos siguiendo el camino correcto o no. Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de nuestras elecciones diarias pero ahí están. Un día, nuestras elecciones nos llevan a la frustración y no entendemos porqué. Hablamos de "la paradoja de elegir".

Hace muchos años, en una clase de alguna asignatura de la carrera de Periodismo, un profesor nos habló de las elecciones que tomamos cada día. Dijo en un momento de la clase: "Cada día, en cada momento del día, tomamos decisiones. Cuando nos despertamos, decidimos levantarnos e ir a trabajar o quedarnos en la cama; decidimos ir luego a la Universidad o irnos al parque; decidimos quedarnos en la clase o salir antes para irnos a tomar unas cervezas, y así sucesivamente". Y aunque algunos dijeron "no son decisiones sino obligaciones porque si no vengo a clase, no apruebo" yo sí que vi en el mensaje del profesor una cruel realidad. Digo cruel porque me hizo pensar en que si no quería ir más a clase estaba en mi poder y tendría que asumir las consecuencias yo misma por ser resultado de mi decisión; lo mismo ocurriría si dejaba de ir a trabajar porque seguramente me despedirían y me quedaría sin ingresos estables y tendría que buscar otra manera de subsistir. Y desde ese momento vi, pensé, conocí y experimenté mil maneras de vivir. Seguramente no fue en ese momento sino en algún momento de mi infancia porque ya desde pequeña quería tener otra vida pero este es el recuerdo que más nítido tengo.

El hecho de saber que hay otra realidad que puedo vivir, otra camino a seguir, otras posibilidades y otras opciones generó en mí una ansiedad enorme. Por momentos esa ansiedad me causaba emoción y ganas de cambiar mi vida y el mundo también; ganas de viajar y vivir en mil ciudades diferentes, ganas de experimentar esas otras vidas que se presentaban ante mí. Pero por momentos esas otras opciones me generaron una ansiedad que me consumía, que me frustraba de alguna manera. Muchas veces pensé en dejar la Universidad y ponerme a trabajar jornada completa durante un año y poder ahorrar dinero para luego irme a recorrer el mundo; otras veces pensé en buscar trabajo en otros países y me di cuenta que había muchos países a los que podía ir. Obviamente estaban las limitaciones de idioma pero ni eso se convertía en una buena excusa para no desear ir a esos países de habla distinta a la mía; se convertía en un desafío. Ya a los once o doce años había experimentado algo similar, deseaba vivir en Inglaterra y viajar por Europa cuando fuera mayor y entendí que estudiando inglés era la única manera y pedí a mis padres que me mandaran a clases de inglés (lo cual agradezco enormemente). Pero con el pasar de los años y las mil posibilidades que aparecieron al vivir en Europa, la sensación de que estaba perdiéndome todas esas otras formas de vida que podía vivir fue mayor. Mucho mayor.

Quienes me conocen de cerca saben que siempre estoy deseando hacer otra cosa de la que estoy haciendo en este momento. Esta confesión que acabo de hacer abiertamente va en contra totalmente del espírutu de mi blog: disfrutar la vida hoy. Y posiblemente explique el porqué de este blog. Lo que quiero decir es que una de las razones de peso para crear este blog fue recordarme a mí misma y de paso recordar a los que me leen que la vida hay que disfrutarla hoy porque el ayer se pasó y el mañana aún no llega. Pero esto no significa que yo realmente haya aprendido a vivir así aunque lo intente año tras año. Hay una parte de mí que es inconformista y esto no es ni bueno ni malo pero muchas veces me lleva a la frustración, una frustración injustificada porque tengo y soy todo lo que quiero tener o ser, o creo que así es. Sin embargo, a menudo siento esa frustración de no estar haciendo otras cosas que deseo y aunque están a mi alcance siempre tengo una excusa para no hacerlas, para no cambiar de vida. Posiblemente esas excusas me hayan salvado la vida, es decir, hayan salvado mi actual vida, la vida que vivo y que es buena y me gusta, pero inevitablemente me hacen pensar en el "¿y si no? ¿y si lo que no hice o no elegí era mejor?" y esto frustra a cualquiera. 

Cuando era pequeña me encantaba leer el libro "Elige tu propia aventura" porque tenía múltiples finales y cada elección cambiaba la historia o el destino del personaje. Y creo que de alguna manera esto marcó mi identidad. Hizo que siempre esté cambiando el rumbo de las cosas, modificando mi destino a mi antojo y eligiendo una y otra vez caminos diferentes. Pero ¿hasta qué punto esto me hizo siempre feliz? ¿Cómo lograr ser feliz con el camino elegido sin pensar en los que no tomé?


Esta semana experimenté mucho estas sensaciones y también amigos a mi alrededor y lo comentamos y reflexionamos. Una de estas amigas me envió un video que me gustaría compartir porque explica el porqué de este sentimiento que muchas veces tenemos cuando elegimos algo, sea una cosa o una forma de vida. En el video Barry Schwartz habla de "la paradoja de elegir". Plantea la idea de que en el mundo occidental de hoy tenemos tantas opciones que cuando elegimos una nos frustramos pensando en que aunque es una buena elección posiblemente alguna de las otras miles de opciones también era buena y que esto ocurre porque nuestras expectativas ante tantas opciones es demasiado alta. Esto es una cruel realidad, amigos. Pero no habla solo de cosas materiales, va más allá y pone en palabras y teorías lo que llevo pensando desde pequeña y es que esta elección y por consecuencia la frustración también se da respecto a nuestra propia identidad. Y dice una frase que me quedó rondando en la cabeza: "No heredamos una identidad, tenemos que inventarla. Y nos reinventamos con la frecuencia que queremos. Y eso significa que cada día cuando nos despertamos en la mañana, tenemos que decidir qué clase de persona queremos ser". 

Ahora está en nosotros mismos la opción de disfrutar el momento que estamos viviendo, pensar en este momento y no en lo que no estamos haciendo por vivir el presente, no lamentarnos por no haber elegido las otras opciones. Esta decisión de ser feliz con lo que elegimos está en nosotros y aunque es difícil, es importante que la tomemos. Ser felices es siempre una opción acertada.