domingo, 23 de septiembre de 2012

Vivir hoy sin dejar de soñar


Hoy hablábamos con una amiga sobre el futuro e intentábamos imaginar qué estaremos haciendo dentro de un año. Cuando una tiene un objetivo claro con metas y plazos establecidos es fácil decir cómo nos vemos dentro de un año, aunque luego la vida de mil vueltas y nos encontremos haciendo algo diferente de lo que teníamos en mente. Pero no siempre tenemos tan claro lo que queremos para nuestro futuro.

Soñar es maravilloso y no deberíamos nunca dejar de soñar como cuando somos pequeños. Es genial desear algo y hacer planes para conseguirlo, sea material o espiritual. Pensar lo que queremos, soñarlo, visualizarlo, planificarlo, saborearlo antes de que se convierta en realidad son grandes placeres que yo en particular disfruto mucho.

Sin embargo, muchas veces he tenido la sensación de no disfrutar el momento por querer vivir ya esos sueños hechos realidad. Es decir, pensando en mis sueños me he perdido la realidad. Por suerte, siempre hay alguien que me recuerda que hay que disfrutar de la vida hoy porque el futuro todavía no llegó y el pasado ya se fue. Y menos mal que me lo recuerdan constantemente y yo se lo recuerdo a los demás.

Lo que me lo recuerda hoy es este párrafo del libro "El monje que vendió su Ferrari", que terminé de leer hoy al volver de un lindo paseo bajo la lluvia del brazo de un amigo por el centro de Madrid:

"Hoy es tu oportunidad de despertar a ese regalo que es la vida...antes de que sea tarde. El tiempo se escurre entre los dedos como los granos de arena. Que este nuevo día sea el inicio de tu vida, el día en que tomas la decisión de concentrarte en lo más importante para ti. Toma la decisión de invertir más tiempo con quienes dan sentido a tu vida. Deléitate en el poder de esos momentos especiales. Haz las cosas que siempre has querido hacer. Escala esa montaña que siempre has querido escalar o aprende a tocar la trompeta. Baila bajo la lluvia o monta un nuevo negocio. Aprende a amar la música, aprende un nuevo idioma y reaviva el placer de tu infancia. Deja de posponer tu felicidad a expensas de la realización. ¿Por qué no disfrutar del proceso? Empieza a atender a tu alma. Éste es el camino del nirvana"

¡A disfrutar la vida hoy!




domingo, 16 de septiembre de 2012

Volviendo al tema del tiempo

"El tiempo se nos escurre de las manos como granitos de arena, y ya no vuelve. Quienes usan el tiempo sabiamente desde una edad temprana tienen la recompensa de una vida rica y productiva. Quienes jamás han conocido el principio de que 'dominar el tiempo es dominar la vida' nunca llegarán a ser conscientes de su enorme potencial humano." Robin Sharma en El monje que vendió su Ferrari.

Este fin de semana me ha parecido más largo que los anteriores. Como si el tiempo hubiera transcurrido de forma diferente. He disfrutado muchísimo cada momento: recogiendo firmas con la ONG para frenar el acaparamiento de tierras en Guatemala en el Festival DCODE donde luego con mi amiga Diana estuvimos bailando y conociendo gente linda; caminando con mi amiga Virginia en la manifestación contra los recortes el sábado 15S; comiendo con mi amigo Germán; dinamizando la Asamblea del barrio; de cañas con los amigos del barrio; y hoy de excursión a Toledo con mi amigo Jose a ver a nuestros amigos Sylvia y David.

El tiempo es relativo. Lo importante es aprovechar el tiempo al máximo, vivirlo, exprimirlo y ser feliz cada instante porque la felicidad es un viaje, un camino y como le gustaba decir a un viejo amigo "ayer ya pasó y mañana todavía no llega". Por eso es importante que aunque nos tracemos un plan y tengamos proyectos, disfrutemos la vida hoy.

Y ahí sigo... disfrutando de la vida :)

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? 
Mural en el DCODE Festival

lunes, 3 de septiembre de 2012

Defender la alegría tras días tristes

Llevo dos semanas sin escribir y casi ni me había dado cuenta. La verdad es que tuve mis días tristes, días de esos en los que un problemita se convierte en un problemón y una se mete en un bucle y lo ve todo negro. Son esos días en que por más que una intente ponerle gana las cosas salen torcidas y amargan un poco la existencia. Días en que disfrutar de la vida cuesta y lo vemos todo negativo y nos metemos en un laberinto sin salida. 

Gracias a las buenas ondas y consejos de amigos y familiares finalmente salí del laberinto oscuro y vuelvo a la carga en esto de disfrutar la vida todos los días, hoy y siempre.

Para retomar el blog, les cuento que me volví a escapar a la montaña hace una semana, entre medias de esos días tristes. Otra vez nos fuimos con un grupo de personas excelente que dieron su toque especial a una noche linda al ras del suelo y bajo un cielo estrellado; y a una caminata entretenida por las rocas y un divertido chapuzón al día siguiente en las pozas cerca de Cantocochinos, en la Pedriza. 


Y volviendo al tema mencionado al comienzo de este post: los días tristes, me gustaría echar por tierra esos días tristes (algunos fueron más de estrés laboral que tristeza) y pensar en positivo. Para eso, me pareció buena idea colgar acá la poesía leída en la Asamblea de mi barrio el sábado pasado, subida a la web de la Asamblea Popular Chamberí:

Defender la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti