sábado, 23 de febrero de 2013

El sabor de la libertad

A veces una se pierde y no sabe quién es, qué tipo de persona es, qué quiere de la vida y cómo quiere vivirla. Es mejor perderse que nunca encontrarse, claro está, pero a veces cuesta encontrar el camino hacia nuestro propio interior. Así estaba yo hasta que hace unos días una visita especial me hizo descubrirme a mí misma otra vez. Y volví a saborear el sabor de la libertad, de sentirme esa mujer libre que siempre quise ser y que creo ser.

"Sara quería ser un alma metafísica, sin ataduras, sin tópicos, libre para configurar un prototipo único, y nuevo, de mujer. Y aún cuando ese modelo era posible en solitario, pues uno, solo, puede escoger qué vida le da la gana de llevar, parecía mucho más difícil construirlo en el mundo afectivo, donde dependes de otro para llevarlo a cabo". El arte de perder, de Lola Beccaria.

Estas líneas del libro que comencé a leer hoy me recordaron a mi propia forma de ver la vida. A veces cuesta que la gente lo entienda y algunas personas te ven como bicho raro cuando hablas de libertad, de disfrutar de las personas y de los momentos sin preocuparte por ciertas formalidades que pueden estropear una relación o una situación. Estoy hablando de disfrutar de la vida sin más, sin hacerse tanta mala sangre, sin etiquetas, sin tiempos ni espacios, sin planteamientos ni reclamos.

Me gusta ser un alma libre pero cuánta razón tiene el personaje del libro cuando afirma que es más difícil serlo en el mundo afectivo. En el plano de las relaciones aparecen los prejuicios, los pensamientos negativos, los reproches, los reclamos, incluso los consejos aunque bien intencionados pero contraproducentes al fin y al cabo si chocan con nuestra forma de ver la vida.

Disfrutar de la vida es mucho más que vivir el presente, es mucho más que disfrutar de los pequeños placeres, es mucho más que saborear los momentos con amigos, con amores, con la familia, con desconocidos, es mucho más que divertirse. Disfrutar de la vida es amarla, amar, sentir, dar, recibir, hacer y deshacer, construir y derribar, conocer y admirar, enamorarse cada día de una persona o de muchas, del paisaje, de la gente, de la vida en sí. Emborracharse de la vida y disfrutar de los impulsos, de las pasiones.

¿Por qué complicamos la vida?

Cuando me expreso puede sonar muy filosófico pero hablo de la realidad así que voy a poner ejemplos, reales o inventados, pero que al fin y al cabo reflejan la realidad personal o de conocidos o amigos.

Caso 1: Hace unos meses que no ves a un amigo, no lo llamaste ni le escribiste en ese tiempo y esa persona tampoco lo hizo, o tal vez te contactó un día pero no llegaron a hablar mucho. Quizá algún día pasaste cerca de su casa o viajaste a su ciudad si es que no vive en la misma, y no la llamaste. Pero esa persona se enteró. Cuando volvés a ver a esa persona te reclama que no la llamas nunca, que no la visitaste aquel día que estuviste cerca, que ves más a "fulanito" que conociste hace poco que a tus amigos, bla, bla. ¿Por qué? ¿Por qué nos complicamos la vida? ¿Acaso no es genial que ahora en este preciso instante nos estemos viendo y tengamos un rato para disfrutar el uno del otro? ¿Por qué perder tiempo en reproches? Adoro a esos amigos que a pesar de que no nos veamos en meses, incluso años, están ahí, presentes en espíritu, y que jamás me reclamarán nada porque lo único que les importa es que cuando nos conseguimos ver disfrutamos de la vida juntos, testigo el uno de las experiencias y de las emociones del otro.

Caso 2: Viajando fuera de tu ciudad conoces a alguien, da igual si es hombre o mujer, te enamoras (y acá no entremos en detalles sobre qué es enamorarse porque no importa qué es para la sociedad si es lo que sientes), disfrutas de la intimidad con esa persona, de las risas, de los mimos, te diviertes y ambos se sienten radiantes y llenos de felicidad. Termina tu viaje y dejas ir a esa persona hacia su destino, te vas al tuyo y todo termina. Vuelves a casa y todos empiezan a juzgar: ¿pero de verdad te enamoraste en 5 días? ¡Eso no es amor! ¡Amor es el que yo tengo con mi marido que todos los días madrugamos para ir a trabajar y que peleamos pero nos seguimos amando! Y otros dirán... ¿Y no vas a volver a ver a esa persona? ¿Estamos locos o qué? eso es libertinaje, no amor. Y bla bla... a todo les encanta opinar sobre la vida de los demás. ¿Por qué sencillamente no nos alegramos de que esa persona haya sentido el amor y haya disfrutado de una buena compañía aunque sea sólo por pocos días? ¿Por qué juzgamos?

Caso 3: Hace un tiempo que te ves con una persona, que intiman pero que también comparten tardes de diversión, de salidas, incluso conoció a tus amigos. Al cabo de un mes la gente empieza a preguntarte si es tu novio/a. Y aunque intentas explicarles que no te gustan las etiquetas y bla bla te das cuenta que esa misma persona empieza a preguntárselo. Y pasan otros meses y te ves con más frecuencia y empiezan a preguntarte si estás enamorada/o y cualquier respuesta que les des te la retrucarán porque al fin y al cabo los demás parecen saber más de lo que una siente que una misma. Y algunos te reprocharán "te estás enamorando, no seas imbécil, que te vas a enamorar" y una se pregunta ¿Y qué más da? ¿Acaso no es hermoso estar enamorado? O habrá quien te diga ¡Ojo! que esa persona se está enamorando y eso no es compatible con tu alma libre y viajera. Ah ¿no? ¿Acaso es incompatible el placer de viajar con el placer de amar y enamorarse?

En fin, podría poner miles de casos en los que las palabras nos juegan una mala pasada, en los que las etiquetas sobran, en los que no hace falta palabras porque se trata de disfrutar de la vida sin más, sin planteamientos, sin repensar todo, sin jugar a ver quién ama más, quién ama menos, sin replantearse si ese sentimiento hermoso que estás disfrutando es amor o es pasión o no es nada o qué miércoles es. Es lo que quieras que sea.

Al fin y al cabo, lo importante es disfrutar de la vida y ser feliz.

Aves sobrevolando el Masai Mara Park en Kenya 
(Octubre 2012 - Viaje de voluntariado y safari)



miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Qué harías de tu vida?

Llevo un mes pensando en mi vida, en lo que realmente quiero hacer con ella, en mi presente y en mi futuro. Cada día cambio de idea sobre lo que haré en 2013. Me armo un plan y lo desarmo. 

Y hoy viendo este video vuelvo a plantearme ¿Qué haría de mi vida si el dinero no importara?


¿Nunca se lo plantearon? Yo muchas veces. De hecho, intenté vivir una vida en la que no importara el dinero pero siempre aparece como necesario. Queremos hacer un viaje: tenemos que pagar el pasaje, el alojamiento, la comida, etc. Queremos comer rico y no tenemos la suerte de tener el mar cerca para pescar, una huerta o un campo con árboles, tenemos que comprar comida y necesitamos dinero. Y así sucesivamente. 

Pero ¿qué haríamos si el dinero no fuera importante? 

Yo me dedicaría a viajar por el mundo, a conocer otras culturas, otras formas de vida, jugaría con los niños de todo el mundo recorrido, aprendería de ellos, compartiría mi sonrisa y mi alegría con ellos y me llevaría las suyas en mi corazón. 

Tal vez sería profesora de lengua o historia, de comunicación social o de algo similar, en escuelitas rurales de distintas partes del mundo. Iría allí donde me llevara el viento, donde me sintiera más a gusto, donde me necesitaran. Aportaría mi pequeño granito de arena a cambiar este mundo, a hacerlo un lugar mejor.

Es lo que siento, lo que deseo, y en cierta forma algo de eso hago. A veces no le dedico todo el tiempo que quisiera pero sé que algún día, que espero sea pronto, dedicaré mi vida a eso, a hacer lo que realmente deseo para mi vida...

Y ¿por qué no? 


Malindi (Kenia): Paseando con los niños del orfanato
Octubre 2012