domingo, 22 de julio de 2012

Luchar contra las injusticias es también honrar la vida


Hace unos diez días (11 de julio para ser exactos) llegaba a Madrid la marcha minera desde el norte de España en reclamo por los recortes en el sector. La Asamblea del 15M de mi barrio consensuó acudir a recibirlos en apoyo a su lucha. Y allá fuimos. Así comenzó un trajín de manifestaciones que no ha cesado y que parece no cesará durante mucho tiempo. “Se avecina un verano calentito” sugería un amigo y no hablaba del calor natural de ésta época del año. Ya veremos cuánta razón tiene pero no me extrañaría que terminara el verano con la dimisión de los actuales gobernantes. 

Fuente:  http://jovenesrepublicanos.blogspot.com
Cuando tomé la decisión de ir a apoyar a los mineros pensé en esas familias para las cuales el trabajo en la mina es su sustento de vida. Si bien apoyo la idea de que tiene que haber una reconversión del sector y que el futuro (y el presente también) está en las energías renovables, también sé que esto no se consigue de un día para el otro y mucho menos recortando los presupuestos destinados a que se produzca esa transición. En definitiva, los mineros reaccionaban contra un recorte del gasto público que les afecta a sus vidas y muchos en Madrid decidimos apoyarlos como cuando apoyamos la marea verde (personas afectadas por los recortes en el sector educativo).

Dos días después de la marcha minera se convoca por redes sociales una manifestación contra los recortes anunciados por el gobierno el mismo día que los mineros llegaban a Madrid. Recortes en sanidad, educación, salarios de funcionarios, etc. La manifestación del viernes comenzó en la sede del PP y terminó en Sol (algunos continuaron hacia Congreso y posteriormente hacia Gran Vía). Lo del 13 de julio fue emocionante porque grupos de personas se unían espontáneamente a la marcha contra los recortes ya fuera en Cibeles, en Atocha, en Sol, en Gran Vía. Muchos coches paraban a nuestro paso y se unían con aplausos. Vecinos de la zona salían por sus ventanas golpeando cacerolas. Incluso hubo quién se levantó de su mesa en la terraza de un bar y se unió a la caminata con cantos y aplausos.

Fuente: maspublico.com
Y así llegamos a esta semana en la que continuaron las manifestaciones de funcionarios (de justicia, de sanidad, policías, bomberos, etc.); y otras acciones concretas contra los recortes en sectores determinados. Hasta que llegamos al jueves cuando cerca de 500.000 personas (algunos medios hablan de 300 mil y otros de 800 mil) se reunieron en Madrid (también hubo manifestaciones en otras ciudades de España) contra los recortes. Si bien la manifestación fue convocada por los sindicatos mayoritarios posteriormente se adhirieron no sólo sindicatos más pequeños sino también asociaciones de vecinos, el bloque 15M, organizaciones pro derechos humanos, algunas ONGD, y mucha gente en general descontenta con la situación actual que atraviesa España. En los cantos se pidió la dimisión del gobierno entre otras cosas. 

Fuente: propia
El 19J fue curioso. Caminamos de Neptuno a Sol pasando por Cibeles y Gran Vía rodeadas de personas de distintos sectores de la población. En el camino pude contar hasta 100 personas con camiseta de la policía, algunos locales y otros nacionales. También se veían numerosas camisetas de la marea verde. Pero lo que más sorprendía es la cantidad de bomberos, hombres y mujeres, con sus cascos y sus pancartas reclamando sus derechos como lo hacen desde hace casi diez años. A su paso la gente coreaba y aplaudía y les abrían paso como si de héroes se tratase. También fue el colectivo mejor recibido en Sol donde estaba esperado que terminase la marcha. Sin embargo, no terminó ahí. Nos fuimos al Congreso de los Diputados con un grupo de bomberos a la cabeza de la marcha y otros grupos de bomberos en medio y detrás. Y ahí estuvimos coreando consignas contra el gobierno, los recortes, la reforma laboral, etc. hasta que la gente se empezó a disgregar. Tras la partida de un grupo de bomberos los manifestantes nos empezamos a disgregar y ahí empezó la represión policial.

La represión

La sensación que produce ver a cientos de personas (entre las que había bomberos y policías) enfrentarse a un grupo reducido de personas (los policías antidisturbios) al otro lado de la valla es de impotencia. Cuesta entender que un grupo reducido de personas tengan el poder de reprimir una manifestación y pegar a las personas, sea con porras o con balas de goma, mientras éstas reclaman sus derechos y luchan contra una situación injusta.

¿Dónde queda la humanidad de estas personas que golpean a gente indefensa simplemente porque tienen el acceso a las armas de forma legal? ¿De verdad el pueblo les dio la autoridad para hacer eso? Me plantea muchas dudas. Siento que hemos equivocado la forma de hacer las cosas. Se supone que el trabajo de la policía es proteger al ciudadano y no atacarlo; es perseguir los delitos y detener a los delincuentes para, una vez más, proteger al ciudadano. ¿Cómo se explica, entonces, que detengan a periodistas que hacen su trabajo de informar de lo que ocurre? ¿Cómo explicamos que detengan a un vecino porque está grabando con su móvil mientras pegan a un manifestante indefenso? ¿Cómo se entiende esto?



Perdón por irme de las ramas y por salirme del tema central que era la lucha contra las injusticias como una forma de “disfrutar” la vida, o mejor dicho, de honrar la vida y aprovecharla para que todos podamos ser felices y convivir en paz. Es cierto que esto abre otro debate sobre lo que significa disfrutar la vida para cada uno de nosotros y sobre lo que significa ser felices. Y sería muy largo tratarlo ahora… Pero bueno, este post es un poco espontáneo y surge a modo de resumen de lo que se está viviendo en España ahora mismo y de las reacciones de la gente y de las sensaciones que me produce.

Y para cerrar, una frase de Gandhi: “Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”.


domingo, 8 de julio de 2012

Disfrutando de la Naturaleza: excursión a Peñalara


Esta mañana me levanté con ganas de escribir sobre la Naturaleza y esa necesidad inmensa que tengo siempre de recibir un poco de sol y respirar aire fresco. Estas ganas vienen desde ayer que fui de excursión a la sierra de Madrid para mostrarle a una amiga la laguna de Peñalara. Me encanta ir de excursión, sentir la Naturaleza bien cerca y ver el verde de los pinos, escuchar los pájaros, ver el azul verdoso de los pantanos, los embalses y las lagunas. Es más que una necesidad.

Es posible que esa necesidad por estar en contacto me venga de chiquita, de estar siempre jugando en el pasto y los ciruelos del parque de en frente de casa, de ir de vez en cuando a la Sierra de los Padres o a la Laguna de los Padres o de subirme a los árboles de casa de la abuela Julia. No lo sé. Pero la cuestión es que disfruto muchísimo de estar rodeada de Naturaleza.

La laguna de Peñalara está en la zona de Rascafría. De camino pasamos por Navacerrada, por el embalse del mismo nombre y por el puerto del mismo nombre. Esa zona es muy bonita en invierno cuando todo está nevado. Solía ir todos los inviernos a jugar con las primeras nieves y el paisaje me parecía precioso. De ahí continuamos hacia Puerto de Cotos y así llegamos al estacionamiento del Parque Natural de Peñalara. Recomendable comer en la pradera y sentir el aire fresquito de la sierra mientras la observamos de frente. Yo preferí la sombra de un árbol de la parte más alta de la pradera y mi amiga, un poco de sol.

De ahí iniciamos la marcha tras cargar agua no tratada (directa de la Naturaleza) en nuestra cantimplora. Después de quince minutos se llega a un paraje precioso donde se pueden ver las montañas bañadas de un verdoso tímido que en esta época del año (verano) suele tender a ser amarillento. Pero también hay un pequeño valle bien verde, tanto que algunos excursionistas bromean con que es un capo de golf. Por suerte, hasta estas alturas no llegó la máquina capitalista y sólo hay algunas vacas pastando. Preciosas, por cierto. Todas negras excepto una que es marrón.

Después de otro rato llegamos al cruce que divide los caminos que llevan a la laguna de Peñalara y a la laguna de los Pájaros (excursión de más de dos horas que recomiendo por la belleza del paisaje y del camino rocoso). Hay un puente de madera y un arroyo que hace que el paisaje sea idílico. Si una se queda en silencio y se acerca a las rocas bañadas por esa agua de deshielo y se deja arrullar por el sonido de la pequeña cascada natural se puede sentir un momento de verdadero placer. Y qué es la vida sino un cúmulo de esos momentos placenteros. A eso le llamo yo disfrutar de la vida.

A continuación caminamos por un sendero de madera que nos lleva a una zona rocosa que termina en la laguna de Peñalara. Ha pasado casi una hora. La laguna es pequeña y está casi sin agua pero merece la pena haber llegado hasta ahí sólo por ver el paisaje: la sierra se impone ante nosotros con su grandeza, los escaladores parecen pequeños palitos ante semejante roca y en lo alto vemos algo blanco que asoma. Es nieve, dicen algunas. ¡Cómo va a ser nieve si estamos en julio y con el sol como pega! Pues sí, al parecer son neveros que salen de la roca, acumulación de nieve o más bien hielo que con su blancura contrasta con el gris de la roca. Así lo confirman unas señoras que rondarán los setenta años que han hecho la misma excursión que nosotras.

Extasiadas por la belleza de la Naturaleza comemos algo más y nos dejamos arropar por el paisaje durante un ratito de siesta para emprender el camino de regreso al estacionamiento. Y ahora a Segovia para que mi amiga vea el famoso acueducto romano y para tomar un café que con el solcito nos vamos a volver a quedar dormidas. Pero Segovia es otra historia…




miércoles, 4 de julio de 2012

La felicidad como modo de vida


Estábamos charlando con mi amiga Lavinia, la italiana, tomando unos jugos naturales bien fresquitos cuando entre varios temas surgió el asunto de la felicidad. Y otra vez a darle vueltas al tema. Su determinación y su convicción sobre el tema me inspiraron a volver a escribir estas reflexiones sobre la felicidad. Intentaré ser fiel a sus palabras.

La felicidad como modo de vida

Hay días que estamos tristes, que nos planteamos cosas absurdas como “tengo  x años y sigo soltera” o “a esta edad ya tendría que tener un empleo fijo” o “debería ahorrar para mi futuro en vez de gastar el dinero viajando”. ERROOOOOOOOOOR. Bueno, cada uno vive la vida como le da la gana y cada quien es dueño de su vida y de hacer lo que le apetece. Además, siempre se puede buscar un equilibrio porque se puede disfrutar del día a día al tiempo que se invierte dinero y tiempo en el futuro pero siempre sin descuidar la felicidad del hoy.

La cuestión es que tuve uno de esos días y al contárselo a Lavinia me dijo algo así: “esas son tonterías; es el modo en que esta sociedad quiere que pensemos: hacer la carrera, un máster, tener un novio durante unos años, casarte, comprar una casa, un coche, tener hijos, etc. Pero la vida es otra cosa”. A decir la verdad no es la primera vez que escucho eso. De hecho, me lo dijeron muchas personas y yo misma empecé a sentirlo cuando decidí dejar una relación larga que era parte de mi estructura mental organizada. Pero entonces, ¿cómo hay que vivir?

Cuando somos capaces de dejar atrás la línea de vida que veníamos siguiendo o de enterrar esas estructuras mentales que tenemos metidas en la cabeza por la sociedad, la familia, los amigos tal vez, la religión a veces, podemos sentirnos perdidos, desorientados y sin una guía que seguir pero al final la clave para seguir adelante y ser feliz es hacer lo que a uno le gusta hacer. Acá está el tema delicado. ¿De verdad se puede hacer lo que a uno realmente le gusta? Sí, se puede. Todo a su tiempo. Está bien, a su tiempo, pero no dejemos pasar demasiado tiempo para empezar a hacer lo que realmente nos gusta porque se nos pasará la vida y no la habremos disfrutado. Y alguna persona te dirá, “yo quiero ser artista pero estaría loca si dejara mi trabajo estable aunque no me guste”. Y ahí es cuando se me viene a la cabeza una frase que me dijo mi compañera de piso hace algún tiempo:

“Loco es quien espera resultados diferentes pero sigue haciendo lo mismo”. Einstein.

¿Cómo sabemos qué es lo que realmente nos gusta hacer?

¿Alguna vez nos paramos a pensarlo? Si nunca lo pensamos ¿cómo podemos estar disfrutando de nuestra vida? Es un ejercicio que parece fácil pero es bastante complejo. Además, una vez que sabemos lo que queremos y lo que nos gusta hacer en la vida no basta con saberlo, hay que ponerse manos a la obra. Y como dijo hoy Lavinia “hay que tener coraje para hacer lo que realmente te gusta hacer.” Sí, coraje, porque no todas las personas son capaces de hacerlo. Vivimos en una sociedad que ha ido estableciendo prioridades que a veces se alejan a nuestra idea de felicidad. Vamos haciendo lo que “deberíamos” y dejamos de lado lo que nos hace felices.

Buscamos tener un buen trabajo y que nos paguen bien, buscamos que nos asciendan y tener un mejor sueldo y ser reconocidos por lo que hacemos. Y cuando tenemos esto nos damos cuenta que no tenemos ni tiempo ni salud para disfrutar de ese dinero y que tampoco disfrutamos del día a día de nuestro trabajo. No digo que a todos les pase lo mismo. De hecho, actualmente yo disfruto de mi trabajo y aprendo de lo que hago. Y aunque tengo claro que quiero hacer algo diferente valoro la experiencia y el aprendizaje diario en un grupo de trabajo y soy consciente de todas las herramientas que adquiero para ese futuro que voy creando. Pero es importante que seamos conscientes de lo que nos gusta hacer y de lo que queremos en esta vida y plantearnos objetivos, metas y plazos.

Si la felicidad la consigue todo aquel que hace lo que ama hacer, ¿cómo es que hay tanta gente desdichada?
Buena pregunta, John. Hacer lo que uno ama, ya sea dejar el empleo que tienes ahora y convertirte en actor, o invertir menos tiempo en las cosas menos importantes para emplearlas en las que tienen más significado, requiere mucho coraje. Requiere que salgas de tu confort. Y el cambio, al principio, siempre es un poco incómodo. Y arriesgado. Pero es la manera más segura de tener una vida más gozosa.
(De El monje que vendió su Ferrari, de Robin Sharma)

Todo cambio cuesta. Muchas decisiones implican riesgo pero si no corremos riesgos en busca de nuestra felicidad correremos el riesgo de no ser felices nunca. ¡Empieza ahora! ¿Por qué no? Al menos pensá ¿Qué es lo que realmente te gusta hacer?

Podemos empezar con cosas sencillas como “me encanta caminar por el parque”. Perfecto. Desde mañana, intenta hacer un hueco en tu agenda para caminar por el parque todos los días o un par de veces a la semana, según prefieras. Pero no nos detengamos. Podemos ir más allá. “Me gusta viajar y conocer gente nueva”. Perfecto. Empecemos por pensarlo, soñarlo, saborearlo y organizarlo aunque sea en nuestra mente… bicicleta, coche, bus, avión; tipos de personas que quiero conocer; paisajes y ciudades que quiero ver; etc. Y no pongamos excusas como “no tengo dinero” o “no tengo tiempo”. Las soluciones a los inconvenientes ya vendrán si pensamos en positivo y ponemos nuestra energía en eso que anhelamos. No seamos nosotras las que pongamos freno a nuestros propios sueños. Hoy es el día, ahora es el momento de empezar a pensar en lo que nos gusta hacer, hacerlo y disfrutarlo.

“La felicidad se consigue gracias a la progresiva realización de un propósito digno. Si tu haces lo que realmente amas hacer estás destinado a sentir la máxima satisfacción”
El monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma.


 Ese día, fueron ellos los que me hicieron feliz - Nueva Delhi (India)