martes, 19 de junio de 2012

Viajar es uno de los mayores placeres de esta vida


Desde que empecé a escribir este blog algunas amigas me recomiendan frases, videos, historias, y múltiples temas para publicar. Me gusta que haya más gente por ahí que se entusiasme al pensar en motivos para disfrutar de la vida. Les prometo que iré publicándolo todo.

Hoy quería hacer una reflexión sobre lo que significa para mí viajar, salir de la ciudad, de la provincia, incluso del país. Ver “otros mundos” y descubrir en las personas lo amplio y diferente que es el mundo en el que vivimos. En lo personal, me ha hecho sentirme parte de algo enorme, muy variado, colorido y sobre todo, como dice la canción de moda del verano pasado “ciudadana de un lugar llamado mundo”.

La primera vez que salí de mi ciudad, Mar del Plata, no la recuerdo. Seguramente fuimos a Tandil, a visitar a la familia que tenemos ahí y que siempre nos recibían con entusiasmo. Gente amable y sencilla, hospitalaria y con un toque de campechana. Siempre me sentí a gusto entre gente así. Posteriormente viajaría a Buenos Aires pero no recuerdo demasiado porque tendría unos 9 años y fue un viaje relámpago para “los 15” de mi tía. Con el tiempo viajaría a Miramar, Ostende, San Miguel del Monte y otras ciudades pequeñas de la mano del grupo de la Iglesia y de la escuela. A mucha gente le parecerá un rollo (embole) pero la verdad es que yo recuerdo haberme sentido realmente feliz. Muy feliz. Incluso en esos momentos de “retiro de silencio” delante de un plato de arroz jaja ¡Sí! Me entusiasmaba pensar que luego saldríamos a recorrer las calles de barro hasta alcanzar la primera casita de campo en la que tocaríamos la puerta y nos recibirían amablemente con lo poco que tenían para compartir un momento lindo. Y sí… me gusta la gente.

En fin, lo que yo quería es reflexionar sobre lo que se siente cuando se viaja, cuando salimos de nuestros hogares, de nuestro entorno y vamos más allá y recorremos ciudades y países diferentes al nuestro, al que nos vio nacer o al que nos adoptó como en mi caso son Argentina y España. Me encantan los paisajes que conozco de ambos países. Y la gente con la que he tenido el gusto de encontrarme también. Pero la sensación de viajar es increíble.Es uno de los mayores placeres de esta vida.
Romina caminando por el Parque Natural Tierra del Fuego, 2014
Viajar te abre la cabeza, te muestra que hay otras formas de vivir, de disfrutar la vida o de simplemente vivirla. Te enseña a respetar más a aquellas personas que por alguna razón no comprendías, a aceptar sus comportamientos y a entender porqué piensan como piensan. Viajar te hace conocer otras culturas con sus costumbres, su lengua, sus puntos de vista.

Me encanta ver paisajes diferentes y respirar otros aires pero en el encuentro con el otro está la magia de viajar. Por eso siempre intento acercarme a la gente del lugar, intentar conocerlos aunque sea por un instante, una pregunta casual, una conversación sobre el tiempo, una consulta sobre un lugar en el mapa. Las reacciones de las personas son tan diversas. Y cada persona tiene su forma de ser y de comportarse pero a su vez se diferencian según la ciudad en la que uno se encuentre. ¡Cómo nos marca el lugar done vivimos! ¡El entorno! ¡La sociedad! ¡La época! Todo. Los momentos que nos toca vivir, las situaciones políticas, económicas, sociales, etc. Todo nos deja una huella.

Podría seguir horas hablando de las sensaciones de viajar pero este post se volvería aburrido y llegaría tarde a trabajar. Simplemente quería invitar a todos los que lea esto que viajen, lo más que puedan, cerca o lejos, que conversen con gente diferente, de distintas edades, de distintos pueblos y culturas, de distintas “clases sociales” si es que existen. Y quien no tenga esa posibilidad de viajar ni de acercarse a personas de otras partes del mundo, le recomiendo que lea mucho, que lea sobre otros países, otras culturas, otras formas de pensar y de vivir la vida. Se dará cuenta que el mundo es maravilloso en su diversidad y que tenemos mucho que aprender de ese “otro” al que solemos llamar “extranjero” simplemente porque en su documento no viene el nombre de nuestro país.

¡Que tengan un día maravilloso estén donde estén! 

Ciudadanos de un lugar llamado mundo. Delafé.




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